Sea entonces que acuño la palabra de
Prometimiento para aquella clase de
promesas que al ser enunciadas por el emisor son entendidas por el receptor y
por el conjunto de interlocutores como auténticas mentiras enunciadas bajo la
fórmula de promesa, sin la menor intención de ser cumplida por parte de quien
la realiza, ni la menor esperanza de ver su cumplimiento por quien las escucha.
Fenómeno que tiene su mejor caldo de cultivo durante los períodos electorales
en los que políticos, medios de comunicación y ciudadanía, dan al traste con la
función y finalidad aparente del lenguaje, cual es la de comunicarse, para
darle todo su esplendor en su primigenia función, que no es otra que la de
engañar.
Todo cuanto se dice en los programas políticos a cuanto se promete en
los mítines, y demás fórmulas que nos hablen de futuro para mejorar nuestras
vidas gracias a los esfuerzos de otros, les diremos entonces Prometimientos electorales sin el menor
sonrojo de estar trasgrediendo regla o norma alguna, como un niño que dice Abrido, Murido, Cabido, pues además,
esclarecemos ese pensamiento lógico y ese entendimiento racional que a veces se deja engañar con las palabras
promesa y mentira tan bien diferenciadas en el diccionario, y tan juntitas en
la realidad.
Nicola Lococo

