BURGOS, 11/01/09 : Gus Van Sant ha combinado a lo largo
de su ya dilatada carrera como realizador el cine independiente y casi
“underground” con las propuestas abiertamente comerciales y los filmes que se
encuentran a medio camino entre ambos campos. Surgido de las filas del “new queer cinema” estadounidense el
realizador de “My own prívate
Idaho” ha realizado también títulos alimenticios destinados a una
amplia audiencia. “Mi nombre es
Milk” es un trabajo más que estimable pero decididamente hecho para
el gran público y sobre todo para las pantallas de su país.
Como en “Todo por un sueño”, el realizador
reflexiona sobre los mecanismos de la creación de un personaje público, aunque
en esta ocasión se decanta por la historia verídica de la carrera política de
Harvey Milk, un hombre que defendió abiertamente los derechos de los
homosexuales en los Estados Unidos de los años setenta, librando una batalla
desigual contra la derecha religiosa del momento. (Un artículo de Eduardo Nabal)
En febrero de 2008, Nacho Sirera presentó en Valencia el documental Después de las ausencias, una cinta de 52 minutos en la que el director levantino vuelve sobre el accidente ocurrido en Valencia el 3
de julio de 2006 en el que fallecieron 43 personas y 47 resultaron heridas. En este trabajo, Sirera da la palabra a las víctimas y a sus familiares, una palabra ignorada y marginada por las autoridades valencianas y por la dirección del metro de la ciudad, más preocupadas por cerrar a toda prisa el caso que por ahondar en los fallos, negligencias y las verdaderas responsabilidades que hubieran podido dañar la nueva imagen de la ciudad, de cara a los proyectos de inversión (América's Cup etc.) de la diputación y del consistorio presidido por Rita Barberá. Las circunstancias del accidente y la forma en que los familiares deciden auto-organizarse ante el silencio y la pasividad de las autoridades se transforma en una reflexión de hondo calado humano -y al fin y al cabo político- sobre el modo en que la violencia político-económica de nuestro mundo se impone al ciudadano de a pie. Después de las ausencias se transforma por tanto en una historia de resistencia y de dignidad frente al olvido y la mentira. A continuación publicamos la entrevista que hemos mantenido con Nacho y la AVM3J (Asociación Víctimas del metro del 3 de julio). Descubre el trailer del documental entrando al artículo.
El Festival de Cine Pobre, fundado en 2002 en Gibara a 800 km de La Habana, y presidido por el
director cubano Humberto Solás, tiene como fin dar promoción al cine
independiente y a las producciones realizadas con escasos recursos. Se trata de una réplica al
Dogma danés de Lars Von Trier, más iconoclasta y más política. La
idea anhela 'una verdadera democratización del cine', y pretende constituirse
en un proyecto que se implante 'no sólo en los países subdesarrollados, sino
también dentro del cine alternativo que se elabora en los grandes centros de
producción audiovisual'. A lo largo de toda esta semana, tendremos la oportunidad de descubrir parte de la selección del festival en su VI edición 2008, con la Muestra organizada de modo simultáneo por Mugarik Gabe en Bilbo, Donostia, Gazteiz e Irún. A continuación publicamos el manifiesto del cine pobre elaborado por Humberto Solás, la programación de la Muestra, así como un texto de Laura Rodríguez, miembro del colectivo argentino La Tribu, cuya intervención ayer en Gazteiz, en los cines Guridis, versó sobre el papel de las radios comunitarias y libres en la democratización de la comunicación.
No había más cojones que asaltar bancos, que son los grandes ladrones. (Lucio).
Planet Terror, el primer volumen del díptico armado por Robert Rodríguez y Quentin Tarantino en homenaje al cine Grindhouse, desembarca estos días en las pantallas españolas entre los alaridos de un ejército de zombies que invade una pequeña ciudad de Tejas bajo el impulso de un grupo de veteranos de la guerra de Afganistán. Inicialmente previstas para ser proyectadas conjuntamente, al igual que en las populares salas estadounidenses donde se podían ver en los 70 y 80 dos películas por el precio de una, el proyecto de Tarantino y Rodríguez ha conocido en Estados Unidos un fracaso comercial importante. Lo que ha llevado a los productores a modificarlo en profundidad para su explotación europea. Las dos cintas – montadas en un principio para durar una hora cada una - han sido aumentadas (para bien en el caso de Rodríguez y quizá con menos acierto en el caso de Tarantino) hasta alcanzar el formato más tradicional de hora y media.
Amo a mi ciudad
tanto como detesto su espectáculo burgués. Transito por la interzona. Punteo
con líneas de fuga la periferia del 55 Donostia Zinemaldia. Rememoro la lucha
de clases, cuando el Festival perdió la categoría por devenir en un certamen
popular. Evoco retrospectivas como la de Fassbinder. Un viejo conocido me
anuncia: - He compuesto la música para El
año de todos los demonios. Minutos después pasa Lucio, el anarquista, y
tras él dos amigos. - O sea, ¿que los títulos de crédito son tuyos?, exclamo
ante la aseveración de uno de ellos. Y él, el autor del corto El gran Zambini y yo nos enredamos en
una apresurada conversación cinematográfica, donde convergen realizadores como
Jarmusch, Herzog y Sanjinés con joyas del cine mudo como Verdun y actores extremos como Artaud o Kinski.
Con motivo del festival del cine de Málaga –y de su “alter ego” protestatario–, los cineastas Antonio Jiménez y Antonio Villanueva presentan su documental sobre la masacre de 150.000 malagueños huyendo de las tropas franquistas durante la guerra civil. El ambicioso proyecto será presentado en el Mercadoc, el mercado del documental, el próximo mes de mayo. En su décima edición, el festival de cine español de Málaga, que se celebró del pasado 9 al 17 de marzo, no sólo vio desfilar su tradicional cortejo de estrellas –de las cuales cabe destacar los homenajeados Carmen Maura, Alfredo Landa y Emiliano Otegui– sino también sacó a la luz algunos nuevos talentos, directores noveles o actores prometedores como Gala Évora, que encarna a la mítica bailaora Lola Flores en Lola, la película.
Ante 3000 personas que abarrotaron el polideportivo de mendizorrotza se estreno el documental “La revolta permanent”, de Lluis Danes, que se podrá ver en breve en las salas del estado español. El acto se convirtió en un homenaje a las víctimas de la “la paliza más grande de la historia” citando al mando policial que la describe así a través de la radio de su vehículo, al poco de haber asesinado a 5 obreros y herido a cientos de ellos, un 3 de marzo de 1976 en Vitoria. Familiares de las víctimas, así como destacados protagonistas de aquella lucha, estuvieron presentes en un acto tan masivo como emotivo. Si la lucha que provocó la masacre siempre fue una pelea colectiva, también lo fue la presentación de la cinta, donde miles de personas contuvimos el aliento en los momentos más crudos de la historia.
Este año 2007 se cumplirá el trigésimo aniversario de la muerte de Charlot. El premio Nóbel de literatura Dario Fo se adelanta a los fastos celebratorios con una aguda reflexión estético-política sobre el significado de la obra del genial cómico y cineasta. "Vaya por delante que Charles Chaplin ha sido con certeza uno de los hombres del espectáculo, y en particular del cine, más importantes del siglo XX. Lo que más me fastidia es el interminable rimero de crónicas de tipo patético, lírico o literario que se han escrito sobre él desde el mismo momento de su muerte". Pescando en ese montón de comentarios, les propongo algunos: "El fondo judío de su arte y de su tristeza indudable, la naturaleza de su humor de doble y triple sentido, es poco accesible al público" (Montale). "Tenía en la sonrisa el llanto del mundo, y en las lágrimas de las cosas hacía bailar la alegría de la vida" (Giovanni Grazzini, en el Corriere della Sera).
Lo que escribía Serge Daney durante la guerra del Golfo (abril 1991) podría considerarse como una constatación básica que apela a alternativas necesarias frente a la información televisiva: “Vemos la tele porque es de lo más realista. Dice la verdad e informa de modo absoluto. Es la contaminación verdadera de nuestro oxígeno mental (…). Si no fuera por un simple detalle: el único mundo del que nos da noticias (tan precisas y sobreexcitadas como las cotizaciones en Bolsa o los 40 Principales) es el mundo visto desde el poder (como se dice “la tierra vista desde la luna”) ¿Cómo podríamos saber sin ella, quién tiene el poder y quién no? ¿Quién vale qué y quién no vale nada? (…) Por eso la vemos, porque de eso sí que al menos nos informa. De eso, sí, pero de nada más. De la bolsa, sí, pero no de la vida. Es por eso que, pese a todo, no podemos respetarla”.