


Los grandes capitalistas europeos -y también sus representantes políticos: los burócratas de la Comisión Europea- siempre han sentido envidia de sus colegas norteamericanos y japoneses (ahora también de los chinos). Les envidian porque los trabajadores de esos países trabajan más que los europeos. ¿Cómo competir en esas condiciones? -se preguntan-. Ahora, con la excusa de la presente crisis económica, intentan solucionar esa supuesta desventaja proponiendo, de maneras diversas, aumentar el tiempo de trabajo real allá donde aún se mantienen restos del estado del bienestar. En esas coordenadas hay que entender el intento de aumentar la edad de vida laboral en España y otros países europeos.

A la vista de las portadas, editoriales y debates de hoy, ha llegado el Apocalipsis. No es para menos: más de cuatro millones de parados, se miren en el cómputo que se miren. Especialmente significativa es “La España insostenible” con la que titula a toda página El Mundo. Ahí se dice bien claro –entre todas las alarmantes cifras económicas-: “Ya sólo hay 17,5 millones de cotizantes, los mismos que hace 5 años”. Es decir, que Zapatero ha visto comerse todo el empleo que se creó en su mandato, para volver exactamente a donde empezó, a donde dejó la ocupación el PP. Un texto de Rosa María Artal


El jueves 24 y
viernes 25 de setiembre pasado, el Grupo de los 20 (G20) se reunió en
Pittsburgh (EEUU). Durante la cumbre se estableció que el G20 será el foro
principal para la cooperación económica y sustituirá al G8, el grupo de los más
ricos. La concesión hacia el
G20, es el resultado del colapso de la economía estadounidense, epicentro de la
crisis del sector financiero y su contaminación hacia la Unión Europea y
Japón, hundiendo al G8 en la recesión y la depresión y provocando que durante
el año en curso se pierdan 60 millones de empleos, mientras cada minuto un
centenar de personas en el mundo se hunde en la pobreza. El notorio
fortalecimiento de China, y en menor grado de India y Brasil, cuyas economías
de 2000 a
2007 lideraron la tasa de crecimiento de las exportaciones mundiales, hace a
estos países ineludibles en el afán de recomponer el capitalismo. Un artículo de Juan Luis Berterretche


Como las Bahamas hay varios paraísos fiscales en el mundo. Según las Naciones Unidas existirían setenta y cuatro, pero la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD) habla de cuarenta. Liechtenstein, Mónaco, Malta, Jersey, Andorra, Gibraltar y Chipre serían los más importantes de Europa; las islas Caiman, Panamá, las Islas Vírgenes Británicas, Bermudas, Antillas Holandesas, entre otros, están en nuestro hemisferio. (Por Guido Proaño A.)
En el siglo pasado la izquierda uruguaya defendía la necesidad de una Reforma Agraria y definía a los propietarios de tierra con más de 5.000 hectáreas como latifundistas. La expropiación de la estancia de Silva y Rosas con 30.000 hectáreas se transformó en la demanda central del movimiento de los cañeros del departamento de Artigas. La consigna “Por la tierra y con Sendic” desató un proceso de luchas que colocó a los tupamaros a la cabeza del movimiento más radical de peones rurales que ha conocido el país. En la actualidad la Reforma Agraria ha desaparecido de los programas de la izquierda institucionalizada. Un artículo de Juan Luis Berterretche y Ernesto Herrera.

GRÚAS
Veo cientos de grúas en el horizonte. Un exceso de grúas y ladrillo. Puedo verlas desde mi ventana, allá a lo lejos, entre la niebla y la contaminación. Disputan el espacio a molinos de viento y antenas de telefonía móvil, en montañas y tejados. He visto crecer la ciudad. Se ha teñido de marrón y plata, saturado de sonidos nuevos, acentos, lenguas, obreros, albañiles, peones oscuros en zanjas y desmontes. Hasta que, de pronto, el vacío. Crisis de exceso. Cemento seco y tubos abandonados. Ruinas de adosados y lujo bioclimático. Paredes que cierran espacios vacíos, viviendas sin vender, carcasas huecas. Grúas derribadas por el viento de ciclones numéricos. Cascos de obra abandonados, pocillos donde las ratas beben agua contaminada. Crisis de exceso y cara de cemento. (Texto de Juan Ibarrondo)