| AUTODETERMINACIÓN PARA SÍ |
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| Escrito por Juan Ibarrondo | |
| domingo, 07 de septiembre de 2008 | |
A pesar de las ensoñaciones racionalistas de los llamados
ciudadanos del mundo, el planeta parece enloquecer de nuevo, aquejado del virus
de la identidad nacional. Desde el campo de los que defendemos la autodeterminación
como derecho de los pueblos, se ha venido insistiendo en denunciar la falsa
universalidad de los líderes, e intelectuales, de naciones estado bien consolidadas, que claman
contra cualquiera que desee romper el estatus-quo, y lo califican de fanático. Sin embargo, el propósito de este artículo no es insistir
en ello sino, más bien, analizar las contradicciones de los autodeterministas.
Los procesos de ruptura
y readaptación geopolítica en diversas regiones del mundo: América Latina,
Caucaso, Balcanes, Tibet... han ocasionado más de un dolor de cabeza teórico,
tanto en el campo de los “universalistas” como entre los partidarios de la
Autodeterminación. (Artículo de Juan Ibarrondo)
Hemos asistido, por ejemplo, a las apreturas del gobierno español ante el reconocimiento de la independencia de Kosovo por parte de la Unión Europea, temerosos de que cundiera el ejemplo en sus territorios. Sin embargo, las dificultades conceptuales de los autodeterministas vascos de izquierda no han sido menores frente a la solicitud de autonomía por parte de las provincias del oriente boliviano. Estas dificultades tienen su antecedente en Italia, donde un movimiento autonomista de corte fascista reivindicaba la Nación Padana. El dogma primero de la autodeterminación proclama que cualquier pueblo que lo reclame tiene derecho a autodeterminaste y desarrollarse como nación. Aceptar este precepto de forma maximalista supone entrar en laberintos de muy difícil salida. Ver las cosas de esa forma supone obviar las causas y consecuencias de los hechos políticos. Caer en un dogmatismo que emula el de los falsos apátridas. Ignorar: la Historia, la relación ecológica entre las personas y el territorio, la filiación ideológica y los intereses económicos de las elites autonomistas, la situación geoestratégica de los territorios que reclaman la autonomía, la cultura y la lengua como indicadores de identidad. Utilizando la terminología de los existencialistas, podríamos calificar esta postura de Autodeterminación en sí. Nosotros en cambio apostaremos más bien por una Autodeterminación para sí. Es decir, no consideramos el principio de libre determinación como un dogma, sino como un instrumento para lograr objetivos como la justicia social, la diversidad cultural, la relocalización ecológica frente a la globalización neoliberal... Esta idea de, Autodeterminación para sí, nos permite afrontar los procesos autonomistas de forma no dogmática, no autoritaria. Durante la guerra de España ANV mostró posturas más proclives al entendimiento con la república que la derecha nacionalista vasca. Si la república, o la revolución, hubiesen triunfado en la Península Ibérica tal vez se hubiesen creado lazos más solidarios entre los pueblos del Estado Español. ¿Qué sucede con las naciones que reclaman autonomía y arrinconan a sus propias minorías? O las que utilizan el banderín autonómico para beneficiar a los ricos frente a los desheredados. ¿Cómo entender una reclamación secesionista que surge de la noche a la mañana, sin una base lingüística, histórica, o ecológica? Sin renunciar al principio básico de la libertad de los pueblos para asociarse libremente no podemos caer en el “todo vale”. Nuestra filosofía política, el independentismo de inspiración libertaria, nos enseña que el dogmatismo conduce siempre a soluciones autoritarias. La política debe ser un instrumento, es preciso analizar las realidades concretas y, a partir de ellas, estructurar teorías y políticas, no al revés. Este principio nos lleva a analizar cada situación a través del conjunto de los elementos y factores que la producen y, en consecuencia, tomar postura. Oponerse a las reclamaciones autonomistas de la media luna boliviana no supone, en absoluto, renunciar a la autodeterminación del pueblo vasco... son situaciones diferentes que requieren recetas distintas. Los pueblos originarios llevan décadas reclamando autonomía y, como pasa en muchos otros casos, ahora las oligarquías blancas redefinen el término, lo pervierten, utilizando un derecho legítimo para conseguir objetivos espúreos. Es un tipo de paradoja similar a la de los izquierdistas que apoyaban el autoritarismo serbio y negaban los derechos de kosovares o bosnios; en ese caso se priorizaba la lucha anti-imperialista, se la convertía en un dogma que borraba otros aspectos del proceso histórico y político. No se trata de renunciar a nuestros principios, sea la lucha contra el Imperio o el derecho de Autodeterminación, sino de considerarlos de forma flexible, adaptable, aceptando la complejidad de los hechos políticos. La insoslayable complejidad del mundo.
Juan Ibarrondo |
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