
Consecuente con su
tradicional Homofobia, el representante de la Santa Sede ante Naciones Unidas, Monseñor Celestino Migliore, se opuso al proyecto de Francia para presentar
ante la ONU, que encara la despenalización universal de la homosexualidad,
actualmente castigada con penas de cárcel o muerte en varias decenas de
países. De inmediato,
organizaciones LGBT y medios de prensa condenaron enfáticamente la posición
vaticana. Perfecto. No debemos dejar de hacerlo, yo también la condeno y el
Colectivo de Lesbianas Josefa Camejo, emitirá un claro comunicado al respecto.
Pero al mismo tiempo, ese fue lo que llamamos un “voto cantado”, nada de
sorpresas, solo condenas, repudio y una reflexión (o varias). ¿Acaso el estado
más genocida a lo largo de toda la historia de la humanidad (por acción y
omisión) cuyo poder se extiende desde el ámbito público (los grandes grupos
económicos, militares, las potencias centrales, los países no centrales) hasta
el privado (lo que se debe estudiar, como tener sexo, las estructuras
familiares, en fin, el día a día) dejará pasar inadvertidamente una temática
tan inherente a su doctrina represiva de dominación? Un artículo de Diana Cordero completado por otros textos referentes a las distintas iniciativas que esta última semana se han tomado de cara a la postura vaticana y de otros países como EE.UU, Colombia, Venezuela o Cuba hóstiles a esta despenalización.




